“Cuando la imaginación y la fuerza de voluntad están en conflicto, son antagónicas, siempre es la imaginación la que gana, sin excepción”. Si esa bella frase de Coué te confundió, piensa en arena movediza, ese suelo que parece sólido pero que si lo pisas se separa en agua y arena así que te hundes y salir requiere una fuerza enorme. Muchos sólo la hemos visto en películas o cómics, cuando los malos son tragados por ella mientras tratan desesperadamente de eludir su destino. La forma de evitar que la arena movediza te engulla es no esforzarte tanto: dejar de luchar e irte recostando con calma, para que el peso se distribuya y se reduzca la presión, lo que te permite arrastrarte hasta estar a salvo. Algo parecido hay que hacer cuando no puedes conciliar el sueño, o te da un ataque de risa en un momento inconveniente, o no puedes recordar algo: en vez de obligarte a tratar de hacer lo que no estás pudiendo, relájate y haz o piensa en otra cosa. Eso porque, aunque parezca contradictorio, a veces fracasamos porque nos esforzamos demasiado.
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